Inteligencia emocional

La Inteligencia Emocional en la Dirección estratégica: 5 Modelos a conocer

La inteligencia emocional se ha convertido en uno de los puntales sobre los que se cimenta la dirección estratégica de la empresa.

Las organizaciones verticales en las que la cultura empresarial tiene el foco en el control están dando paso a organizaciones adhocráticas, en las que el enfoque está en la creatividad, favoreciendo el dinamismo de la propia compañía sin menoscabo de la exigencia.

Son estas, compañías en las que hay un grado superior de inteligencia emocional referida como la capacidad de percibir, controlar y evaluar las emociones.

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DENTRO LIDERAZGO EN DÍA EN LAS EMPRESAS

El liderazgo, o lo que entendemos por él, ha cambiado. Ya no se habla de un liderazgo autocrático, en las que las decisiones las toma una sola persona y en las que la dirección se basa en órdenes.

Hoy en día, el liderazgo de la compañía es democrático, en el que el papel de los líderes no es otro que el de elementos catalizadores del proceso productivo o creativo.

Parafraseando al expresidente de los EEUU, R. Reagan, «un gran líder no es necesariamente quien hace grandes cosas, sino la persona que logra que otros las hagan».

Por tanto, las características comúnmente aceptadas del líder han evolucionado. Además de las inherentes al liderazgo como inteligencia, decisión, visión e intuición.

Es necesario abrir el abanico a la inteligencia emocional, una capacidad para controlar las propias emociones que favorece, también, la mejora de las relaciones con los demás.

Y esta capacidad tiene su eco en la mejora de la dirección estratégica. Tanto es así, que uno de los gurús en esta área, Daniel Goleman, demostró la relación directa entre la inteligencia emocional de un líder y los resultados empresariales.

No obstante, los líderes más emocionalmente inteligentes son capaces de generar un ambiente interno integrador de las necesidades del equipo y de los objetivos de la empresa. Y éstos, tienen a su vez repercusión en el incremento de ventas y/o en la experiencia del cliente.

EL PAPEL DEL CAPITAL HUMANO EN LA DIRECCIÓN ESTRATÉGICA 

La necesidad de dar mayor agilidad a los procesos estratégicos ha favorecido la aparición de un nuevo tipo de líder.

Este liderazgo más estratégico debe, no solo dirigir los procesos de negocios, sino el diseño de los mismos. Y en este punto, el capital humano ejerce un papel protagonista en la dirección estratégica.

Si, como decíamos antes, hoy en día se debe apostar por un liderazgo más «democrático», el equipo humano puede ser un elemento de desarrollo de negocio en la medida en que su opinión es escuchada y valorada para construir el posicionamiento estratégico de la organización.

En este sentido, el liderazgo estratégico de la compañía ha de tener en cuenta la opinión de los empleados como clientes internos y como embajadores de la marca.

Pero no solo. Su experiencia en el desempeño de sus funciones es una fuente de información de valor incalculable pues no deja de ser una primera fotografía bastante fiel de la realidad de la compañía.

Por el contrario, no tener en cuenta al equipo en la dirección estratégica de la empresa puede provocar disfuncionalidades a largo plazo.

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MODELOS DE DIRECCIÓN ESTRATÉGICA EN RELACIÓN A LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

En su libro Inteligencia Emocional en la Empresa, Goleman realiza una clasificación de las aptitudes fundamentales que constituyen la IE: Conciencia de uno mismo, Autogestión, Motivación, Empatía y Habilidad Social.

Teniendo en cuenta estas cinco, se pueden establecer diferentes modelos de dirección estratégica:

1. Conocimiento

El liderazgo es más sólido en cuanto las personas tienen un nivel de autoconomiento mayor, pues son capaces de llevar a cabo una evaluación realista de sí mismas, sus pensamientos y sus comportamientos.

2. Autocontrol

El potencial crecimiento de la compañía y de liderazgo depende de la capacidad de gestionar o redirigir las acciones impulsivas y las emociones.

3. Automotivación

El líder con capacidad para automotivarse tiene, a su vez, la capacidad para contagiar pasión y entusiasmo por el trabajo, lo que redunda, también, en el compromiso de los empleados y en la superación de los fracasos.

4. Empatía

Un líder con la virtud de comprender y responder adecuadamente a las emociones de otras personas,  favorece la retención del talento, la evolución del equipo y, por tanto, la mejora de la competitividad de la empresa.

5. Habilidades sociales

Por regla general, cuando se tienen buenas habilidades sociales se es un buen jugador de equipo que quiere ver brillar a los demás.

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