Llevamos cuatro años desde que inició la pandemia de Covid-19 y con ella las medidas impuestas que modificaron nuestras costumbres y paradigmas. La actividad económica fue especialmente afectada, muchos negocios no pudieron sobrevivir debido a que dependían de la actividad diaria y de la presencia para realizar sus actividades, como los pequeños restaurantes o fondas.
Los negocios que pudieron sobrevivir fueron aquellos que, teniendo un nivel alto de solidez financiera, fuentes de financiamiento y apoyo de sus acreedores, pudieron cerrar sus puertas por un tiempo y después ir reanudar sus operaciones paulatinamente.
Muchas empresas, fundamentalmente en sus áreas directivas, administrativas y comerciales, así como aquellas dedicadas a los servicios profesionales no físicos (abogados, contadores, terapeutas, educadores, etc.), pudieron implementar el trabajo a distancia.
El éxito de esta nueva manera de trabajar fue muy variado, en algunos casos, terminando la pandemia, la administración de las empresas decidieron regresar al trabajo presencial, en otros casos siguieron a distancia, y en la mayoría se implementó un sistema mixto.
En México, todo esto provocó que la Ley Federal del Trabajo tuviera que ser modificada para incluir esta modalidad; pero los problemas surgieron casi de inmediato.
El primer problema es el de la seguridad informática, pues es muy diferente trabajar en un ambiente de una red local controlada, donde se cree las protecciones necesarias para evitar cualquier tipo de penetración o violación a los protocolos de seguridad. Y estoy incluye que empleados mal intencionados también tengan más facilidad para tranzar la información propiedad de la empresa, o que incluso sus datos personales (de los colaboradores) sean vulnerados.
El segundo problema que enfrentan las empresas y sus empleados es con los canales de comunicación; por un lado, el pobre ancho de banda en conexiones caseras que dificulta el acceso a sistemas y archivos indispensables para llevar a cabo su trabajo, así como una adecuada comunicación mediante video conferencias. Por otro lado, la reticencia de muchas empresas en apoyar a los empleados remotos (o incluso los híbridos) con el gasto e inversión tanto en hardware como software adecuado para realizar dicha comunicación.
Por último, está la disciplina y el orden, al llevarse el trabajo a distancia, y sin las reglas y medidas adecuadas, es muy difícil llevar a cabo una supervisión adecuada del cumplimiento correcto, oportuno y ordenado de las tareas asignadas, así como el cumplimiento de las metas y objetivos comprometidos. Esto aunado a pobre prácticas de ética laboral tanto de empresas como colaboradores (por ejemplo: no respetar por un lado los horarios laborales, pero por el otro los empleados siendo incumplidos e indisciplinados).
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